Beber para olvidar

Cuando todo va mal… beber para olvidar. Y la prensa catalana sacia su sed con ilusionantes fichajes no concretados y futuribles jugadores que sueñan con vestir los colores de su equipo. Y la culpa de que los redactores barcelonistas tengan que ingeniar nuevas fórmulas para poder fichar a los fubolistas deseados la tiene el Real Madrid, porque si no hubiese jugado al tenis como Federer ante el Valladolid ahora, en lugar de Cesc en la portada de Sport, estaría Messi, por ejemplo, y una entrevista en la que el principal titular sería que “la Liga no está perdida”.

“Cesc no renueva y espera al Barça” titula la página del periódico. Uno al leerla puede pensar que el centrocampista catalán, que dejó tirada la camiseta que ahora anhela defender, termina contrato el próximo 30 de junio y que su primera opción es regresar al club donde dio sus primeros pelotazos. O también puede pensar que su equipo pasa por un momento angustioso, o de crisis, y qué mejor que marcharse cuanto antes. Pues no, uno hace clic sobre la información y se entera que Fàbregas acaba contrato ¡en 2014! y que el Arsenal es líder de la Premier. También dice que en Inglaterra y que el Barça, para que se sienta valorado, ¡le triplicaría! el sueldo. Contrasta el título de la noticia “Cesc se lo pone fácil al Barça” con lo que más abajo se puede leer: “El jugador no ha movido ficha y es el Barça quien debería realizar el primer paso realizándole una propuesta en firme”. ¿En qué quedamos?

Eso sí, Sport no engaña a nadie, ya que siempre utiliza el modo condicional: podría, tendría, debería… Ya puestos ha hacer hipótesis, yo digo que Ronaldo está (o mejor dicho, estaría) en la órbita del Barça, ya que acaba contrato el 30 junio y no vería con malos ojos volver al Camp Nou para sustituir a Gudjohnsen, que podría marcharse. Lo dicho, cuando algo no funciona, fichar para olvidar…

Vía | Sport

La escasa ambición de Jorquera

Ya que en el último artículo hablaba sobre la errónea decisión de Jerzy Dudek en fichar por el Real Madrid si su deseo era estar en la próxima Eurocopa, hoy cruzamos el puente aéreo para fijarnos en su homólogo en el Barcelona. Sí, estoy hablando de Albert Jorquera. Quiero detenerme en su caso a sabiendas que seguramente no es el único. Me centro en Jorquera porque es, ciertamente, de quien más he podido seguir la evolución durante los últimos años. Porque el bueno de Albert lleva toda su carrera a la sombra de Víctor Valdés, el cancerbero que tras muchas temporadas ha puesto estabilidad en la portería del Barcelona, y lo peor de todo es que no parece que vaya a hacer nada por remediarlo.

Siempre ligado a la portería blaugrana, Jorquera ingresó en La Masía con 15 años, procedente del Vilobí. Tras pasar por todas las categorías inferiores, el Barça lo cedió primero al Ceuta (temporada 2001-2002) y el curso siguiente al Mataró, para después regresar al Barcelona B. La temporada 2003-2004 hace su incursión en el primer equipo. Por delante de él, dos huesos como Rüstü (elegido mejor guardameta del anterior Mundial) y Víctor Valdés, que pelean por ser el portero titular. A pesar de tenerlo crudo para disponer de alguna oportunidad, Jorquera prefiere quedarse en el Barcelona y compatibiliza su puesto en el primer equipo con partidos con el filial.

Debuta en Liga en 2004 debido a una gripe de Valdés y la poca aclimatación de un nefasto Rüstü con un par de buenas intervenciones. La siguiente temporada Rüstü se marcha cedido y Jorquera ya es oficialmente el segundo portero del Barcelona. Aun así, por delante siempre tiene a Víctor Valdés, un jugador muy criticado pero que en los últimos años se ha convertido en el seguro de vida barcelonista. En cuatro temporadas en Primera el bagaje es desolador: siete partidos jugados y once goles encajados. La temporada pasada, como va camino de ser ésta, la Copa del Rey fue el torneo en el que más se pudo lucir. Disputó otros siete partidos y recibió también once tantos. Este ejercicio la cosa pinta igual que los anteriores. Valdés es intocable y su presencia sólo será palpable cuando haya Copa, nada en juego (como el martes en Champions) o Víctor requiera descanso.

Y así, siendo el eterno suplente, Jorquera, el canterano, el del filial, tiene ya 28 años. 28 años y parece que no quiere cambiar su suerte, que prefiere ser el segundo portero de uno de los mejores equipos del mundo a crear su propia historia futbolística. Parece resignado a entrenar día a día para cuando llegue el domingo sentarse en el banquillo. Y eso, a pesar de sus facultades, que aunque sean a cuentagotas, las intenta demostrar cuando tiene la ocasión. Jorquera también es un gran profesional porque nunca ha levantado la voz, ni se ha quejado, ni ha reclamado más minutos. Pero con ello va transcurriendo su carrera y cuando menos se lo espere ya será tarde. Jorquera puede elegir: ser el Arnau de turno, al que se le recuerda por un par de buenas actuaciones y poco más; o ser el Palop que se cansó de hacerle sombra a Cañizares y se convirtió en uno de los mejores porteros del mundo en el Sevilla. El 30 de junio finaliza contrato. Está en sus manos (y nunca mejor dicho).

El error natural de Dudek

En el mundo del fútbol, como en la vida, se pueden tomar decisiones un poco extrañas aun sabiendo lo que deseas en un futuro no muy lejano. Por ejemplo, no te pongas a estudiar la carrera de biología si lo que quieres ser es periodista; no salgas de fiesta si lo que te apetece es estar en casa, tumbado en tu sofá, viendo una peli y echando unas risas. O si eres portero no te marches al Real Madrid teniendo delante al máximo exponente de grandes intervenciones si lo que pretendes es jugar en unos meses una Eurocopa en la que si algo es imprescindible (al menos en principio) es estar en forma y con ritmo de partidos.

Pero es así. A veces la naturaleza humana tiene estas cosas. Tomamos decisiones sin pensar verdaderamente en lo que nos apetece, en el verdadero objetivo, en lo que queremos. Se nos olvida el después y nos centramos en el momento. A Dudek en verano seguramente se le pusieron los ojos como platos al percatarse que un club como el Real Madrid le andaba buscando. Y así, quizá sin pensárselo dos veces por la magnitud de una entidad como la blanca, cambió Liverpool por la capital española. De lo que no quiso darse cuenta Dudek por entonces es que no sólo cambiaba de ciudad, sino de competencia. Si en Inglaterra era Reina, el segundo portero de la Selección de Aragonés, el que le cerraba las puertas de la titularidad, en Concha Espina el toro con el que debía lidiar no era otro que el titular de la ‘Roja’ y posiblemente, uno de los tres mejores porteros del mundo en la actualidad, Iker Casillas.

Ahora, cuatro meses después de su aterrizaje y visto que si alguien es intocable en el Real Madrid es su guardameta, ha comentado esta semana, en Marca, que desea salir en el mercado de invierno para poder jugar minutos y de esta manera poder estar en Austria y Suiza el próximo verano defendiendo los colores de Polonia. Schuster, cuentan, ha hablado con él y no parece dispuesto a dejarle marchar, ya que el alemán, me imagino, ya le habrá explicado que cuando fichó por el actual campeón liguero se atenía a las consecuencias. De momento parece que Dudek tiene reservada plaza de titular para la Copa del Rey, no sabemos si suficiente para que su seleccionador, Leo Beenhakker, le tenga en cuenta pero sí suficiente para comprender que si lo que Dudek deseaba era jugar el próximo Europeo el mejor destino no era, desde luego, el Real Madrid.